10 cosas de las que no trata el crisianismo: V Marginar a otros

Hasta aquí hemos reflexionado en algunos errores que han resultado casi fatales para el cristianismo, y en esta ocasión hablaremos acerca de un exceso en que en ocasiones hemos incurrido y es el de marginar a otros, y esto bajo el mismo argumento con que muchas veces conseguimos que se nos margine a nosotros: No contaminarnos.

La absurda idea con que muchas veces nos conducimos ha llegado a atropellar las ideas que sostienen el verdadero pensamiento cristiano, su misma esencia.

Jesús fue un hombre que nunca marginó a nadie con un juicio a priori, sino por el contrario, amó a los otros, les enseñó a vivir sobre un piso de amor e igualdad, de aceptación, de convivencia. Él mismo dijo  sarcástico, en una ocasión, que no vino a ver a los sanos, sino a los enfermos, al ser criticado por la gente de la que se rodeaba, y si somos seguidores de su estilo de vida entonces necesariamente debemos hacer lo mismo.

El enfermo no se identifica fácilmente, puede estar en la iglesia o no, puede verse bien o no, el enfermo del que Jesús habla no sólo se refiere a los que físicamente lo denotan, sino a todos nosotros.

Cuando el cristiano margina a otro por no ser lo suficientemente bueno o lo suficientemente correcto, lo único que está haciendo es que traiciona la misma esencia con que Jesús vivió. Cuesta trabajo para muchos entender las amistades de Jesús, pero cuando somos capaces de verlo según el valor individual de cada persona, de las  gotas de sangre, entonces nadie es lo malo suficiente como para merecer que nos hagamos a un lado.

El cristianismo se ha convertido, en muchas ocasiones en una especie de club de los buenos, de gente bonita, pero es también un corazón roto, gente que no lo hizo bien, la segunda oportunidad, la tercera y la décima. El cristianismo debe predicar el amor que Jesús practicó, no otra cosa. Si midiéramos las cosas según el amor de Jesús, nada más quedaría para medir, pues en su amor, todo tiene cabida. Marginar a la gente en el cristianismo es absurdo y contradictorio, tanto como sonreír porque se está triste.

Si hiciéramos una pausa cada vez que decidimos y juzgamos algo en nombre del cristianismo para filtrarlo por el amplísimo e infinito margen del amor divino y de la eternidad del creador, esto sería otra historia. Esto se trata de incluir, amar, buscar y reconciliar, el cristianismo no se trata de marginar a otros.

10 cosas de las que no trata el cristianismo: IV Ser Marginados

Ser marginado es ser dejado al margen, fuera de donde suceden las cosas, y si seguimos con el punto anterior, el cristianismo ha sido dejado fuera y al margen de la cultura relevante de nuestros días y esto ha sido, en gran parte, responsabilidad de los cristianos.

La idiosincrasia cristiana que ha formado la cultura de la iglesia cristiana como institución se ha alejado de la cultura relevante de nuestra sociedad en conjunto y se ha quedado en lo que su micro esfera social produce, siempre bajo el argumento de “no mezclarse con el mundo” o “no contaminarse”. Es aquí donde ha caído en un grave error.

Al alejarse del mundo, el cristianismo se ha alejado de lo que acontece en el devenir histórico social de las últimas décadas, por lo tanto, se ha quedado al margen. Por años hemos visto un cristianismo marginado.

El cristianismo es marginado y lo es con toda justificación pues él mismo se aleja de la sociedad y pierde, por lo tanto relevancia para esta. Pero si reflexionamos un poco en el sinsentido de esto es posible recobrar la razón de ser de lo que hacemos y decimos.

El cristianismo, en primera instancia cobra fuerza porque impacta a la sociedad en que nace y así, cada vez que es reformado para impactar a su sociedad, se hace desde su mismo centro, siendo relevante con un mensaje que hace sentido a la mayoría de la sociedad. Gente de influencia en la sociedad y nunca gente que está dentro de una iglesia sólo para “no contaminarse” o “alejarse del mundo” es la que es capaz de llevar un mensaje relevante.

Si queremos que el mensaje de Jesús signifique algo más que una reunión de domingo para unos cuantos, es necesario que el cristianismo influya en la cultura presente, que sea relevante a nuestros días, sabiendo qué ocurre y qué se dice, qué se hace, cómo se piensa, qué se escucha, qué se lee, qué acontece.

El Reino es mucho más grande que una institución, como hemos afirmado aquí en más de una ocasión, y definitivamente, el cristianismo no se trata de ser marginados.

10 cosas de las que no trata el cristianismo: III Ser Culturalmente Irrelevante

Esta ocasión me comenzaré contando una anécdota.

Un noticiero de cadena nacional pregunta a transeúntes acerca de algún tema de coyuntura política y cada uno expresa su opinión, al final de la edición de las entrevistas banqueteras guardaron al mejor, un hombre que responde, sólo para convertirse en la burla de todo el país: “A mí no me importa, yo soy cristiano, y espero irme pronto con Dios”.

Desastre. Este hombre, al querer expresar algo de su fe, solamente puso en vergüenza al cristianismo. Su peculiar respuesta, que lamentablemente no lo es tanto en cierto ambiente de iglesia, deja en evidencia algo que no es nuevo, pero me parece necesario resaltar: Muchos cristianos disfrutan de ser culturalmente irrelevantes. No importa si hablamos de cultura política o artística, dura o pop, se ha caído en el gran error de la comodidad del no-me-importa.

Muchas veces, la mentalidad dogmática y perezosa ha hecho que muchos de los que tienen fe basen su fe en un pensamiento intrascendente, incapaz de crecer. El pensamiento pobre no permite que el individuo crezca y trascienda para sí mismo, y mucho menos entonces, crecerá y trascenderá para algún otro.

Así, el cristianismo se ha convertido en algo culturalmente irrelevante, algo que no representa nada de lo que las generaciones presentes son, se ha convertido en una serie de ideas que nada tienen que ver con la cultura actual y esto es preocupante porque si pensamos en el origen de este, en cómo es que el cristianismo pudo consolidarse como ideal generalizado en el siglo I, entonces encontramos una enorme disociación, pues de ser algo naciente y pujante en la cultura del momento, con su institucionalización y el paso del tiempo, los intereses humanos y la intransigencia dogmática pasó a ser lo que hoy es, irrelevante a la cultura.

Es importante decir que aunque hoy en día el cristianismo es irrelevante, sus principios son vigentes, frescos y necesarios. Los principios de la Palabra son lo que más trasciende en la cultura actual, la Biblia es una colección de estados de ánimo y de aquello que es vivir esta vida en el plano eterno y si el cristianismo dejara el dogma y la forzada ignorancia y regresara a su origen, si se ocupara más de ser como Jesús y dejara de ser como la institución, sería, tal como son sus principios, vigente, fresco, y trascendente.

Sería más aquí y ahora y menos no-me-importa, más sé que lo eterno afecta a mi presente que una falsa esperanza futura, sería verdadera esperanza presente y no frustraciones para muchos…

10 cosas de las que no trata el cristianismo: II Pertenecer a una Iglesia

Siguiendo con el principal enunciado que da origen a esta serie de 10 posts, ahora decimos que el cristianismo no se trata de pertenecer a una iglesia. Tal vez suene obvio para algunos, contradictorio para otros, simple para unos más, sin embargo creo necesario hacer un alto en este punto para reflexionar acerca de lo dicho.

Comenzaremos afirmando que para muchos cristianos, el pertenecer a una iglesia lo es todo. Es lo que define su cristianismo, es como una membresía que los hace, los cataloga y los define. Algunos lo llevan al punto de participar activamente en una iglesia, ya sea en el coro, en el grupo correspondiente a su edad, en las actividades de fin de año.

Pertenecer a una congregación y participar de alguna de las actividades antes mencionadas es bueno, pero no es el fin último de ser cristiano y lamentablemente es posible afirmar que esto se ha puesto como fin último en el pensamiento cristiano durante mucho tiempo, en mucha gente.

La contradicción de la que hablábamos al inicio radica en este punto, que como sociedad, la mayoría de las veces se confunde al cristiano con el que va a la iglesia cristiana, y aunque hay una necesaria correlación entre ambos, no es la única manifestación del cristianismo. Una congregación no lo es.

Para el cristiano, el deber ser es lo importante. Ir a la Iglesia, cumplir con la liturgia y tener un buen comportamiento. Para el no cristiano, la religión, dogma y cultura cristiana, son lo importante, y por cierto, lo irrelevante y carente de sentido.

Es necesario aquí distinguir entre dos términos muchas veces confundidos: Iglesia y Congregación. La Iglesia es ese corporativo que ejecuta la voluntad de Dios, es algo que comienza con los seguidores de Cristo del Siglo I y sigue hasta los días que esta Tierra tenga, trasciende la temporalidad y por tanto, las costumbres culturales. La iglesia es algo más que una institución o categorización. Congregación por su parte es, como su nombre lo indica, una reunión. Contemporáneamente entendemos por Congregación el lugar de reunión, pero no todos los que están en una congregación son cristianos, no todos los que están en una congregación son Iglesia.

El cristianismo, tiene como finalidad ser la iglesia, que como apuntamos más arriba, significa ejecutar la voluntad de Dios, traer el Reino de Dios y su eternidad al aquí y el ahora.

El cristianismo, que no es más que el vivir la vida por el Reino, no se trata de asistir a una iglesia, se trata de ser  Iglesia, de manifestar el Reino a nuestro entorno, de llevar con fe, la esperanza que no se mueve y el amor extravagante con que hemos sido dotados.

El cristianismo, más que una categorización es una visión. Con una visión fue que comenzó, no con estatutos institucionales, ni con rutinas aprendidas, y es con esa visión que podemos rescatar lo que significa el cristianismo, lo que significa la Iglesia.

10 cosas de las que no trata el cristianismo; I: Ser buenos

El cristianismo muchas veces ha sido conceptualizado como una guía de vida para aquellos que quieren ser buenos. Con esta vaga caracterización de “ser bueno” me refiero a personas que viven de manera correcta dentro de su sociedad, que se comportan impecablemente para con los demás. Basta con recordar al conocido personaje de Los Simpson, Ned Flanders, para darnos una idea de lo que estoy catalogando en este apartado.

La cosa es que simplemente ser bueno, está basado en normas sociales y patrones de conducta que cualquier persona puede hacer, sea cual sea su afiliación religiosa o su no creencia. Ser buenos es una cosa de índole social y no espiritual.

Los principios contenidos en la Palabra son eternos y universales y trascienden a las culturas específicas. No así las buenas costumbres del momento.

El hombre se conduce a sí mismo bajo su propio sistema de valores, y este sistema de valores está conformado, en gran manera (con divergencias específicas e individuales) por las normas, usos y costumbres de su contexto. Por lo tanto, si uno hace o dice algo “bueno” en su microcosmos, puede que, dependiendo de especificidades geográficas o generacionales o morales, sea “malo”.

Cuando expongo lo anterior, tengo como fin dejar claro que ser bueno, en estos términos, no es algo que sea determinado por el cristianismo. Algunos cristianos son buenos, otros no. Jesús, en muchas ocasiones, no fue “bueno” en su sociedad.

Cuando Jesús habla del Reino, jamás habla de ser buenos, así tal cual, habla de gente que vive el Cielo sobre Tierra y que para hacerlo vive radicalmente, no pasivamente, incluso, muchas veces, para ser congruentes con esta visión de Reino, hay que romper con costumbres buenas arraigadas en el pensamiento.

El espíritu vivo renueva el pensamiento, lleva al individuo a una constante reinvención, a una creatividad interminable, regidos por la Fe, la Esperanza y el Amor, y no por el miedo, la represión o el sinsentido.

La iglesia está diseñada para ser un punto de partida, una olla en ebullición, un hervidero de pensadores apasionados y no de gente buena que no significa nada en su sociedad.

El cristianismo no se trata de ser buenos.*

10 cosas de las que no trata el cristianismo

Para comenzar, es necesario recordar el post de aclaración que escribimos, porque hablaremos precisamente de este concepto generalizado de cristianismo que se aleja del que aquí apuntaremos. Muy acorde con la cita a CS Lewis que referimos arriba.

La convención, la norma, la mera costumbre, el sinsentido han rodeado el pensamiento cristiano y lo han llevado por varios puntos que más adelante exploraremos. Esta serie de posts seguirá esta línea de pensamiento, para encontrar las principales percepciones erróneas de lo que es esto, a lo que llamamos cristianismo.

*Dejamos hasta aquí, para explorar poco a poco las 10 cosas de las que no se trata el cristianismo.

Iglesia y Cristianismo

There exists in every church something that sooner or later works against the very purpose for which it came into existence. So we must strive very hard, by the grace of God to keep the church focused on the mission that Christ originally gave to it.

-C.S. Lewis

Presente eterno: La Eternidad constante

Entonces, si el sentido de pertenencia eterno, del Cielo es lo que nos permite vivir por lo eterno, por el Cielo en la Tierra, entonces no hay manera de no vivir un presente totalmente enfocado en lo eterno.

Retomemos aquí dos citas que hemos dado anteriormente:

Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti (Juan 17:2)

El presente es el punto de encuentro entre el tiempo y la eternidad (CS Lewis)

Cuando conocemos al Padre, así como Jesús puso ejemplo, entonces de inmediato caemos en la vida eterna. Y es que eternidad no se refiere a un concepto espacio temporal humano, sino a una manera de vivir dentro de una dimensión llamada gracia.

Así es. La eternidad que hoy podemos conocer es esa dimensión en que todo lo del Cielo está a nuestro alcance, donde la fe, la esperanza y el amor son los recursos principales y la plenitud de Cristo es nuestra.

La eternidad se convierte en una constante, en nuestro presente.

Nuestra ascendencia eterna nos permite caminar constantemente en lo que Él ve y no en lo que nosotros, conociéndole a Él, conocemos lo eterno y vivimos por una sola cosa: el establecimiento de Su Reino, de Su Reino Eterno.

Juan 17:2

Esta es la verdadera vida eterna:

Que te conozcan a ti

 

El Presente Eterno: Cielo sobre Tierra

Cuando hablamos aquí de Cielo sobre Tierra hablamos de que cada una de las cosas que hacemos, en lo que gastamos nuestras vidas se enfocan en un solo objetivo: Hacer que esta Tierra refleje el Cielo y que así como Jesús dijera “como en el Cielo, así también en la Tierra” digamos nosotros.

De eso trata el Reino, de eso trata esta vida una vez que tomas la visión eterna y es por eso que, como decíamos en el post anterior, tiene qué ver con pertenencia y con el enfoque con que vives.

El origen eterno de nuestra vida entonces se enfoca en cada instante, en el presente como vínculo entre la eternidad y el tiempo, para vivir el Cielo y empujar la eternidad al aquí, al ahora.

Es vestir a esta Tierra de esperanza, de gente que vive con fe y amor. El Cielo visita nuestra Tierra a través de gente que mira distinto, que hace distinto, que habla como se habla en el Cielo.

Cielo no es una idea, ni un lugar.

Cielo es una forma de vida, es la traducción de los más profundos deseos del hombre.

Cielo es vivir la eternidad.

Cielo es tomarse unas píldoras, cambiar de idea, de visión y vivir sólo por esta causa.

Cielo es el Reino establecido en esta Tierra, la finalidad de cada acto.

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